Haz click sobre el icono de configuración o el cuerpo del capítulo para ver las opciones
Importante: Fusion con Manhuako

Luego de una charla con la gente de Manhuako, decidimos fusionarnos. Esto significa que dejaremos la pagina y comenzaremos a subir todo el contenido en:

Para cualquier consulta o mas informacion, envia un mensaje por Discord.

Capítulo 209: ¿Me convertí en el último emperador de una nación caída?

A decir verdad, aunque se les llamara "alemanes" dentro del Imperio, la gran mayoría eran personas que habían emigrado desde otros estados de la Confederación Germánica durante las últimas décadas.

Eso significaba que la población se dividía entre los residentes originales de Austria y los nuevos inmigrantes. Y, como era de esperarse, los residentes se quejaban de que los inmigrantes les robaban sus empleos, mientras que los recién llegados protestaban por el rechazo y la discriminación de los lugareños.

[¿Otra vez con la polarización? Parece que tu plan es fragmentar el Imperio en pedacitos cada vez más pequeños].

—Oiga, ¿cómo que polarización? Ese es el tipo de ideas que tendrían esos piratas de la isla.

[Pero si hace un momento hablabas exactamente como alguien que busca dividir a la gente].

—Jajaja... ¿por quién me toma?...

[Hasta esos piratas tendrían algo que aprender de ti].

Ante las palabras del viejo, me solté una carcajada y me hurgué la oreja con indiferencia.

—No le escucho bien, hay una mosca zumbando por aquí.

[Incluso para evadir el tema te pareces a esos piratas].

—¡Rayos! Deje de llamarme pirata. Hasta a un pirata de verdad le ofendería que me comparen con él.

En fin, lo que yo tenía en mente no era una política de división o discordia. Al contrario, buscaba la armonía.

—Si los residentes ayudan a los inmigrantes, ¿no surgirá un sentido de identidad compartida y se reducirán los conflictos entre la misma etnia?

[¿Y qué quieres decir con eso? ¿Por qué habrían de ayudarlos?].

—Si simplemente les pido que ayuden, ni yo lo haría.

[¿Entonces?].

—Hay que obligarlos.

[... ¿Obligarlos?].

El viejo me miró en silencio durante un momento y luego preguntó riendo:

[Al final, ¿no es eso polarización?].

—Llámelo una "manifestación de un espíritu de servicio desbordante".

[Estás loco].

—No, viejo, piénselo. ¿Por qué cree que la gente que ya vivía en Austria no se lleva bien con los que vienen de fuera?

[Porque no tienen ninguna necesidad de llevarse bien].

Me di un golpe en la frente ante su respuesta.

—¡Ay!... ¡No es eso! Es porque no se conocen bien.

[¿Y acaso no es lo mismo?].

—No, son cosas distintas. Por eso, planeo reducir la brecha de información entre ambos haciendo que los residentes ayuden activamente en el asentamiento de los inmigrantes.

[Eso suena a que... quieres fomentar el nacionalismo alemán].

—Es parecido, pero con un matiz diferente.

El establecimiento de una identidad nacional. Ese era mi objetivo, pero para ser más precisos, mi verdadera intención era resaltar las diferencias entre los "alemanes" y los "austriacos". A simple vista parecen iguales, y de hecho la gente piensa que lo son.

[¿Y eso no es dividir?].

—No, es "establecer una identidad nacional".

Aunque los austriacos son una subcategoría de los pueblos germánicos, al igual que en Corea la cultura varía ligeramente entre provincias, la cultura de la región alemana y la de Austria tienen muchísimas diferencias. Si tuviera que comparar, es como la diferencia entre Gran Bretaña e Irlanda. Están pegados, y uno dominó al otro por mucho tiempo, pero la diferencia entre ambos es clara, ¿no? Yo quería recordarle ese punto a los austriacos.

—¿No somos nosotros austriacos, antes que alemanes?

[Es cierto. Esos prusianos se pavonean como si fueran los líderes de los germanos, pero históricamente, durante siglos, el líder siempre fue Austria].

—Vaya, viejo... no pensé que su visión fuera tan limitada.

Ante mis palabras, el viejo me miró como si estuviera diciendo una tontería.

[¿Qué quieres decir?].

—Los alemanes también son miembros de nuestra Austria, ¿no?

[Así es].

—¿Entonces no es la tierra alemana también un dominio legítimo de la Gran Austria?

[¿Qué clase de disparate es ese?].

—Es literal —le dije al viejo mientras señalaba la región de Alemania y Polonia en el mapa de Europa que colgaba en mi despacho—. Si nos limitamos a mantener la situación actual, tarde o temprano colapsaremos ante las amenazas externas.

[Bueno, eso es verdad].

—Por eso lo he estado pensando... —Regresé a mi escritorio y mecí suavemente la cuna de Marie, que dormía plácidamente—. Creo que la respuesta es crear un imperio tan vasto que no se inmute ante factores externos.

[¿Un imperio inmenso?].

—Sí. Un imperio gigante como Estados Unidos o China.

[También está Rusia].

—A esos ni los cuente, son como el vecino grandullón y tonto que solo tiene tierras porque sí.

El colapso del Imperio Austrohúngaro ocurrió por la fragmentación de diversas etnias que sintieron que el Imperio ya no podía protegerlas. Y yo estaba de acuerdo con esa visión. Entonces, ¿qué método se necesita para evitar que el Imperio se divida? Era un problema que me carcomía desde que ascendí al trono, y para el cual había encontrado mi propia respuesta.

—Si somos un gran imperio que se ha tragado toda Europa Central, ¿acaso las otras etnias querrían separarse? ¿O mejor aún, se atreverían otras naciones a ponernos un dedo encima?

Si el mundo se rige por la ley del más fuerte, la solución es llegar a la cima de la pirámide. Ya lo dijo Alejandro Magno, el conquistador de la antigüedad que tomó Grecia y el Oriente hasta llegar a la India: "El imperio es para el más fuerte".

—Mientras yo respire, convertiré a este país en la potencia número uno de Europa.

Un país del que el Imperio Británico tenga que estar pendiente, por el que Francia viva angustiada y al que Rusia tenga que cortejar. ... Pensándolo bien, ¿no he logrado ya la mitad?

[Mira este...].

El viejo soltó una risa nasal y añadió:

[Recién ahora entiendo por qué estabas tan ansioso por entregarle cosas a otros países].

—¿Es un elogio?

[Siento un deseo ferviente de darte un buen golpe en la cabeza].

—Como todo será mi tierra en el futuro, considérelo una inversión anticipada.

[¿Qué inversión ni qué nada?... ¿Crees que otras naciones se unirán al Imperio con los brazos abiertos solo por haber recibido un poco de tu "inversión"?].

—Si rechazan la zanahoria, siempre queda el garrote.

El viejo soltó un largo suspiro, como si estuviera genuinamente impresionado por mi descaro.

[He conocido a muchos locos que decían sandeces frente a mí... pero tú eres, por mucho, el más demente de todos].

—¿Cree que no puedo lograrlo?

[Hubo tantos con tu misma idea en Europa como estrellas hay en el cielo, pero ninguno tuvo éxito... ¿A cuántos de ellos eres capaz de recordar?].

—Mmm... ¿Napoleón?

[¿Y quién más? ¿Alguien más te viene a la mente?].

Sin decir nada, levanté mi pulgar y me señalé a mí mismo. El viejo se llevó la mano a su frente calva y estalló en carcajadas.

[Me equivoqué en mi juicio. ¿Cómo podría un pueblerino de Córcega compararse con un emperador Habsburgo que domina Europa?].

—¿Es un elogio?

[En cierto sentido, sí... En mi vida he visto a alguien como tú... No sé si es exceso de confianza o pura arrogancia].

—Usted ya está muerto, viejo.

[Cierto. Me alegra haberte conocido después de muerto. Si te hubiera conocido en vida, me habría dado un ataque de ira y habría muerto en ese mismo instante].

Me reí ante la inusual sinceridad del viejo.

—Yo también, si lo hubiera conocido en vida, se me habría curado la presión baja.

[Jo, jo, jo... soy mucho mejor que tu médico personal].

—Se podría decir que sí.

[¡Jajajajaja!].

—¡Jajaja!

El viejo y yo estuvimos riendo un buen rato. Por su culpa, Marie se despertó de su dulce siesta y fue un lío calmarla... pero aun así, fue un tiempo provechoso.

* * *

Desde que la archiduquesa Sofía, madre del Emperador y verdadera fuerza en la sombra de la corte, partió en un viaje sin fecha de retorno hacia Italia, Isabel (Sissi) disfrutaba de un tiempo de paz y tranquilidad sin precedentes.

Sentía algo de lástima por su tía y suegra, expulsada a la fuerza del palacio, pero al recordar las asfixiantes lecciones de preparación para ser esposa y las terribles clases de etiqueta, negaba con la cabeza de inmediato. A veces se preguntaba por qué su tía la odiaba tanto, pero por más que lo pensara, no encontraba respuesta.

'Antes de la boda, siempre fue una persona cálida...'.

Su tía era buena. No solo le enviaba regalos en cumpleaños o Navidad, sino que a veces visitaba Baviera en persona para llevarla a ella y a su hermana Nené de picnic; eran muy cercanas.

'¿Fue desde el momento en que Fran se me declaró?'.

Ciertamente, a partir de ahí la actitud de su tía cambió radicalmente.

'Fuu...'.

Fue un periodo corto, apenas un año, pero fue el tiempo más doloroso y difícil de su vida. Si incluso Fran le hubiera dado la espalda, probablemente se habría derrumbado por la decepción.

'Uf... solo pensarlo es horrible'.

En aquel entonces, estuvo tan agobiada que incluso llegó a guardar rencor hacia Fran por pedirle matrimonio. Pensaba que todos sufrían por su "mala decisión" y lo culpaba injustamente. A pesar de eso, Fran siempre se mantuvo a su lado.

'Mi madre tenía razón cuando decía que debía elegir bien a mi esposo'.

En aquel tiempo pensó que era el peor pretendiente, pero mirando hacia atrás, Fran resultó ser el mejor partido de Europa. Dejando de lado que era amable y trabajador, el hecho de que no perdiera el tiempo con otras y fuera tan dedicado a su familia lo ponía en un nivel totalmente distinto al de otros hombres.

—¡Ay, ay, ay!... Marie, ¿por qué le tiras así del pelo a tu padre? Suelta, vamos, suéltalo ya.

—¡Jajajaja!

—Ay...

Cuando escuchó la voz familiar desde el otro lado del jardín, las comisuras de sus labios reaccionaron lentamente.

* * *

Artúr Görgei.

Era el héroe de la pasada guerra de independencia de Hungría, un gran soldado que, sin conocimientos militares previos, lideró un ejército que puso en tensión a Austria y protegió al Imperio de la invasión rusa. Sin embargo, ahora no era más que un estudiante de posgrado que sufría bajo el mando de un profesor para obtener su doctorado.

—Uf... ¿con este van treinta intentos?

—Treinta y tres, para ser exactos.

—¡Maldita sea!

Para Görgei, que llevaba varios años fracasando en su intento de doctorarse, el fracaso era algo familiar, pero el hecho de fallar continuamente sin una sola pista le estaba generando un estrés insoportable.

—Tomemos un descanso.

—Como usted diga.

Görgei estaba desarrollando, junto a Holub del Arsenal de Viena, una nueva pólvora para las futuras armas reglamentarias del ejército austriaco. Más específicamente, intentaban encontrar la forma de estabilizar la pólvora de algodón (nitrocelulosa).

—Mmm... parece que si ajustamos bien las proporciones funcionará... pero no sale.

—Le digo que deberíamos probar mezclando algo que sirva como estabilizador.

—¡Ja! ¿Buscar un estabilizador? ¿Y cómo piensas encontrarlo?

—Bueno... si vamos comparando uno por uno...

—¡Diga cosas con sentido! ¿Cuánto tiempo cree que tardaríamos en obtener un resultado así?

Görgei se mostró muy negativo ante la idea de buscar un estabilizador.

—Y dudo mucho que exista un estabilizador capaz de calmar a este maldito material que explota con solo rozarlo con una pluma.

—Mmm... eso es verdad, pero...

Ante el grito de Görgei, famoso por su mal carácter, Holub encogió los hombros instintivamente.

—En mi opinión, no creo que mezclar algo más aquí genere un cambio significativo. Sería mejor cambiar la forma física de la sustancia para que sea más estable...

—En lugar de eso, ¿por qué no intentamos...?

—Tu idea no está mal, pero es mejor esto...

Görgei y Holub repetían discusiones intensas y experimentos día tras día, pero solo cosechaban fracasos. Sin embargo, en medio de esa racha de errores, fueron puliendo los fallos uno a uno y, tras cientos de experimentos, lograron finalmente un resultado aceptable.

—¡Por fin!... ¡Por fin lo logramos!

—Mmm... ¿a esto le llama éxito?

—¡Claro! ¡La estabilidad ha subido drásticamente comparado con antes!

—Eso es cierto, pero...

Holub manipuló con cuidado la masa gelatinosa y blanda que estaba sobre la mesa.

—Sin un procesamiento adicional, me parece difícil que se pueda usar para fines militares.

—¿Y qué tiene de difícil? Basta con pasarle un rodillo, dejar que se seque bien, triturarlo en granos adecuados y listo.

—¿E-esto será seguro?

Ante la pregunta preocupada de Holub, la comisura de los labios de Görgei se elevó hacia el cielo.

—Eso... nadie lo sabe.

1.8
Traído por
¡Comparte esta novela y muestra tu apoyo al equipo de traducción!