Luego de una charla con la gente de Manhuako, decidimos fusionarnos. Esto significa que dejaremos la pagina y comenzaremos a subir todo el contenido en:
- Manhuako.net
- IkigaiMangas
- MhScans
- Y proximamente 2 sitios mas
Para cualquier consulta o mas informacion, envia un mensaje por Discord.
Capítulo 176: ¿Me convertí en el último emperador de una nación caída?
La noticia de la muerte en combate de Bem llegó también a Varsovia, donde aún no se terminaban de asimilar las secuelas de la batalla. El informe llegó a oídos de Karl, quien lideraba personalmente las labores de reconstrucción de Varsovia, y también a los ciudadanos.
—¿Que el general Józef Bem ha muerto?
—Dicen que ocurrió una tragedia mientras intentaba ganar tiempo junto con el general Haynau para que nuestro bando recuperara Lodz…….
—Mmm... vaya…….
Para el joven rey de Polonia, escuchar sobre la muerte de Bem fue simplemente un hecho lamentable, pero no fue así para los ciudadanos que habían perdido sus hogares y familias.
—Los ciudadanos han rodeado el palacio y exigen la ejecución inmediata de los prisioneros prusianos.
—¿Hay necesidad de llegar a tanto?
—Pensando racionalmente, no hay necesidad de buscarse problemas innecesarios... pero viéndolo de otro modo, es una buena oportunidad para calmar la ira de los ciudadanos y unir a la nación.
—…… Ya se ha derramado suficiente sangre.
—Solo se ha derramado sangre polaca.
Czartoryski, el primer ministro del Reino de Polonia, le exigía sangre prusiana a Karl, quien poco a poco empezaba a dejar atrás su apariencia de niño como una serpiente mudando de piel. Lo hacía envolviendo sus palabras como si fueran la voluntad de los ciudadanos.
—Majestad, ¿piensa dejar pasar este asunto así nada más? Si lo hace, los ciudadanos quedarán muy decepcionados con su decisión.
—Pero no hay necesidad de actuar con tanta crueldad, ¿no es así, primer ministro?
—Quien empezó esto no fuimos nosotros, sino Prusia. Si cada vez se deja pisotear así, qué pensarán los ciudadanos de su Majestad…….
Ante las palabras del experimentado Czartoryski, el corazón de Karl flaqueó como un junco a la orilla del río.
—Mmm... aun así, lo mínimo sería consultarlo con el archiduque Alberto antes de proceder…….
—Majestad, el lugar donde lucharon es Polonia y quienes los capturaron fueron los valientes guerreros polacos. ¿Por qué debe consultar el destino de ellos con el ejército imperial?
—Escuche, primer ministro, reaccionar de forma tan emocional tampoco es una buena solución.
—¿Que soy emocional……? ¡De ninguna manera!
Czartoryski aprovechó las palabras de Karl para insistir y apeló a la furia de los otros ministros presentes.
—¿Qué clase de pueblo somos? ¡Somos los descendientes de los orgullosos Húsares Alados que antaño recorrían estas vastas llanuras de Europa del Este con sus lanzas en alto!
—¿A qué viene esa historia ahora?
—¡Esos grandiosos polacos están ahora en peligro de perder su nación nuevamente por la invasión de Prusia, que ya desmembró nuestra patria en el pasado junto con Rusia y Austria!
—Eso no es una exageración…….
Karl intentó defenderse, pero una mirada sombría ya se había instalado en los ojos de los ministros, incluyendo a Czartoryski.
—¡Esos bastardos prusianos nos arrebataron a nuestras familias y nuestro sustento, y ahora nos quitan a nuestro héroe! ¿Hasta cuándo debemos aguantar?
—¡Es cierto! ¡Polonia pertenece a los polacos!
—¡¿Hasta cuándo seremos víctimas?! ¡Debemos hacerles sentir nuestra furia!
Czartoryski, quien en algún momento tomó el control de la situación liderando la marea de emociones intensas, se enfrentó directamente al rey venido de Austria y dijo una vez más:
—Majestad, este viejo se atreve a suplicarle…… por favor, escuche el deseo de los ciudadanos.
—…….
Karl miró al primer ministro por un momento. Czartoryski juzgó que el rey no tendría más remedio que escuchar sus palabras, pero…….
—No puedo hacerlo.
El joven rey de Polonia se negó.
—Matar a los prisioneros no traerá de vuelta al general Bem, y si los matamos por esto, el bando prusiano tratará mal a nuestros prisioneros o los matará de la misma forma.
—Los valientes soldados polacos habrán estado preparados para eso desde que salieron al campo de batalla.
—¿Y cómo sabe eso usted, que ya es un anciano que necesita la ayuda de un sirviente no solo para ir al campo de batalla, sino hasta para venir a trabajar?
Por mucho que Czartoryski fuera el primer ministro de Polonia, él era el eje central del movimiento de independencia polaco, mientras que el joven rey era alguien impuesto por la fuerza por Austria; el peso de ambos era distinto. Debido a esa situación, el joven rey solía no oponerse ni enfrentarse directamente a la voluntad del primer ministro.
Así, la estructura política de Polonia funcionaba bajo el liderazgo del primer ministro Czartoryski gracias a las concesiones del rey…… pero tras la guerra con Prusia, la popularidad del rey aumentó y su influencia se fortaleció gradualmente, hasta que hoy ambos poderes chocaron de frente. En esta situación, lo único que los otros ministros podían hacer era contener el aliento y tratar de adivinar quién saldría victorioso.
—…… Yo también rebosaba de vitalidad antes de terminar así por moverme de aquí para allá esquivando las miradas de los lobos que desgarraban Polonia.
—Entonces, ahora que Polonia es libre, ¿qué le parece si pasa su vejez tranquilamente?
—He jurado dedicar mi vida a Polonia, así que si el tiempo lo permite, deseo hacerlo hasta el día de mi muerte, Majestad.
—No es necesario. Parece que durante este tiempo he sido demasiado indiferente con usted y con otros héroes de Polonia…… Si hubiera jubilado al general Bem a tiempo, esto no habría ocurrido…….
Ante la declaración de guerra del rey, que lo estaba despidiendo abiertamente, Czartoryski bajó la cabeza con una mueca en los labios.
—Entregaré mi vida por Polonia. Y estoy seguro de que no será distinto para los otros generales de los cuerpos polacos, Majestad.
—Eso está por verse.
* * *
Tras recibir el reporte de Henry y regresar apresuradamente al palacio, una persona a la que no deseaba volver a ver me estaba esperando.
—Cuánto tiempo, Majestad. Espero que haya estado bien.
—¿A qué has venido tú aquí?
—Jajaja…… solo he venido a discutir asuntos de Estado con su Majestad.
Lo que se me informó fue que el bando prusiano había contactado para negociar, no que Bismarck, el ministro de Asuntos Exteriores de Prusia, había venido en persona. No, para empezar, si alguien del calibre de Bismarck se movía, debería haber habido un aviso previo.
—¿Acaso crees que el Palacio Imperial de Viena es un parque de atracciones al que puedes venir cuando quieras?
—Ejem…… sobre ese punto, me siento apenado. Sin embargo, espero que comprenda que se trata de un asunto de suma importancia.
—Fuu…… bien, ya que dices que es importante, te escucharé.
Le hice una señal a Henry para que trajera algo sencillo de beber y me desplomé en el sofá. Acto seguido, le pregunté directamente a Bismarck, quien apenas se estaba sentando:
—¿Es una rendición condicional o incondicional?
—…… Ni siquiera me he sentado todavía.
—Puedes responder después de sentarte.
—…….
Aunque suelo ser un poco grosero y este era un encuentro diplomático informal, Bismarck mantuvo la calma, haciendo que me preguntara a dónde se había ido su habitual temperamento explosivo.
‘¿Pero miren esto……?’.
Al verlo así, era evidente que algún problema había surgido en el bando prusiano. De lo contrario, no habría dejado pasar mi rudeza sin decir nada.
—Dime, ¿es una rendición?
—…… He venido para confirmar las condiciones mutuas de antemano para una negociación.
—Sss…… ¿Negociación en lugar de rendición?
—Sí, Majestad. Una negociación.
Bismarck me miraba con una expresión de determinación nunca antes vista, con los ojos brillando.
[Parece que está acorralado].
‘A mí también me lo parece’.
[Intenta morderlo un poco desde los flancos].
‘Hacía tiempo que no coincidíamos en el pensamiento’.
Recordando la vieja historia de que fue el cálido sol y no el viento fuerte el que logró quitarle el abrigo al viajero, pregunté con una sonrisa natural:
—¿Lanzas un golpe contra nosotros primero y ahora que las cosas se ponen un poco difíciles quieres negociar?
[¿A dónde se fue la cálida luz del sol……?].
Ante mi pregunta, Bismarck respondió sin perder la compostura:
—¿Difíciles? ¿Cómo puede asegurar eso, Majestad?
—Es una lógica simple. Desde tiempos antiguos, un país pequeño no ha podido vencer a uno grande. ¿Sabes por qué?
—¿Por qué razón?
—Porque al final, por muy bien que luche el país pequeño, no puede alcanzar el vasto territorio y los recursos del país grande.
Entonces, Bismarck rebatió:
—¿Pero no es verdad que hace mucho tiempo Federico el Grande obtuvo la victoria enfrentándose a varias potencias simultáneamente?
Entonces, El Viejo soltó un quejido molesto:
[¡Ese, ese tipo insolente……!].
‘Cálmese, Viejo’.
[¡Si pudiera tocar algo con estas manos, me gustaría agarrarle el cuello y retorcerlo!].
El Viejo, a quien le habían tocado la herida abierta de Austria, se puso rojo y lanzó todo tipo de maldiciones contra Bismarck, pero el interesado me miraba con rostro relajado.
—¿Acaso eso no fue un caso excepcional debido al cambio de parecer de Rusia al final?
—Incluso antes de que eso ocurriera, Federico el Grande conservó su ejército y luchó valientemente contra las fuerzas de Rusia y Austria.
—¿Y qué quedó en Prusia después de eso? Las calles estaban infestadas de cadáveres y las tierras cultivadas por los campesinos se convirtieron en páramos.
—Eso…….
De hecho, Prusia sufrió daños masivos en todo su territorio durante la Guerra de los Siete Años y tuvo que esforzarse hasta hace poco para recuperarse de ellos. Llegaba al punto de que existían análisis afirmando que Prusia no pudo enfrentar adecuadamente al ejército francés durante las Guerras Napoleónicas porque no había terminado de asimilar todos esos daños.
—Te aseguro que si nuestro ejército imperial cruza la frontera de Prusia, esta vez quemaremos Berlín y cumpliré el deseo pendiente de mi tatarabuela.
Esto era verdad a medias. Como los prusianos se habían atrevido a subir más de la cuenta sin conocer su lugar, era necesario pisotear su orgullo una vez. Por supuesto, no convertiría a Berlín en un mar de fuego. Sería suficiente con herir su orgullo y realizar un desfile de victoria para que los estados miembros de la Confederación Alemana supieran quién es el amo de Alemania. Sin embargo, mi interlocutor pareció interpretar mis palabras de forma extraña.
—…… ¿Acaso desea Silesia?
Antes era un lugar al que no le prestaba atención, pero como él lo mencionó primero, aproveché la oportunidad.
—No puedo decir que no me interese en absoluto.
—Fuu…… Majestad, la situación de Austria tampoco es tan buena ahora, ¿no está siendo demasiado optimista?
—¿Que nuestra situación no es buena?
Bismarck intentó de inmediato desprestigiar nuestra situación para regatear las condiciones de la negociación.
—Francia ya está en una situación en la que no es exagerado decir que se juega el destino nacional para lograr la caída de Austria, y varios estados de Italia son abiertamente hostiles al Imperio.
—Así es, pero eso…….
—Además, según las noticias que circulan, he oído que Rusia también amenaza el este del Imperio ambicionando la hegemonía en la región de los Balcanes.
Por sus palabras, pude adivinar aproximadamente cuál era la situación actual de Prusia y qué información manejaban.
‘En lo que respecta a Rusia, parece que nosotros estamos mucho mejor que ellos’.
[Estar tan pendiente de Occidente por la guerra que ni siquiera pueden prestar atención al lado ruso…… el prestigio de Bismarck está por los suelos].
‘Es una prueba de que aún es un poco inexperto’.
Resultaba irónico que Bismarck, quien decía que la diplomacia consistía en llevarse bien con Rusia, estuviera un poco a oscuras sobre la situación rusa. Seguramente, al estar ocupado con diversos asuntos, el Bismarck diplomático —y no el futuro Canciller de Hierro— había pasado por alto algunos datos…….
[¿Aun así vas a ser blando con él?].
‘¿Debería serlo?’.
El Viejo soltó una risa burlona y me dijo con firmeza:
[Si te encuentras a un soldado enemigo en el campo de batalla y se le acaban las balas, ¿lo vas a dejar ir con una sonrisa amistosa?].
‘Tengo que matarlo’.
[Hazlo].