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Capítulo 18

En cuanto fue consciente de aquel hecho, Rayleigh se desconcertó. ¿Se habría enfadado el señor Serge porque le ocultó algo? Sin embargo, no es que ella hubiera evitado mencionar la herramienta de obediencia con alguna intención oculta. Simplemente, no consideró que valiera la pena mencionarlo, pues no le pareció un asunto de vital importancia para la casa del duque.

Era cierto que había provocado que Margaret utilizara el artefacto deliberadamente. Lo hizo para asegurar su castigo. Si solo la atrapaban conspirando contra la familia ducal, existía la posibilidad de que su condena fuera leve, ya que le bastaría con excusarse diciendo que solo seguía las órdenes de un superior. Sin embargo, agredir directamente a la esposa del joven duque tenía una gravedad distinta. Aunque no llegara a la ejecución, era seguro que se consumiría en prisión durante décadas.

Pero aquello no era más que un detalle secundario en la venganza personal de Rayleigh, un asunto ajeno a los intereses de la casa ducal. Gracias a que Margaret, convencida de que su víctima había sido doblegada, habló más de la cuenta, Rayleigh supo que el objetivo del ataque era únicamente ella. Si existiera la posibilidad de que el artefacto dañara a otros miembros de la familia, la situación habría sido distinta, pero pensó que no era un gran problema si solo ella pasaba por ese dolor.

Abrió la boca con cautela.

—Si está molesto porque le oculté la verdad, lo siento. Pero no es que lo callara para guardarlo como un secreto. Simplemente, no se lo mencioné porque pensé que no era un problema relevante.

—¿Que no es relevante?

—Sí.

Rayleigh le transmitió a su esposo sus pensamientos de forma sosegada. Sin embargo, la expresión de Serge no se suavizó. Al contrario, el ambiente parecía volverse cada vez más gélido. Ella añadió, nerviosa:

—Pensé que no importaba, ya que no era algo que causara un perjuicio a la casa ducal.

—Sí que es un perjuicio para la casa ducal...

—¿...?

Como no se le ocurría qué clase de daño podría causar el hecho de que Margaret usara la herramienta con ella, Rayleigh ladeó la cabeza. Entonces, Serge la miró fijamente a través de sus cristales y sentenció con firmeza:

—Parece que la señorita Rayleigh ha olvidado que ella también es un miembro de esta familia.

—¡...!

—Si usted siente dolor y sufre, ¿cómo no va a ser eso un perjuicio para la casa del duque?

Al ser un punto de vista en el que nunca había reparado, Rayleigh se quedó sin palabras. Consideraba que su propio sufrimiento no era para tanto; incluso llegó a pensar que era beneficioso porque agravaba el castigo de Margaret sin dañar a la institución.

—Si hubiera sabido esto, jamás habría estado de acuerdo con su propuesta, señorita Rayleigh.

—Señor Serge...

—Así que, de ahora en adelante, por favor, no diga que su dolor no es una pérdida o que no tiene importancia.

—...

—Porque las personas terminan derrumbándose por no mostrar su sufrimiento de esa manera.

Serge habló con voz débil y un semblante afligido. En ese instante, el corazón de ella se oprimió más que cuando él parecía enfadado. Percibió la sombra de la anterior duquesa en sus palabras. Aunque no conocía los detalles, tal vez Serge sentía que su madre no pudo expresar su dolor y, al final, traicionó a la familia y dejó este mundo. Para alguien como él, las acciones de Rayleigh resultaban hirientes.

—Lo siento. De ahora en adelante, no ocultaré si siento dolor o si estoy sufriendo.

—Sí. Por favor, haga eso.

Como era de esperar, padre e hijo se parecían; Serge también poseía un corazón tierno como el de Walter. Aunque era introvertido, quizá por eso trataba con más delicadeza a las personas con las que entablaba un vínculo. Era una consideración excesiva para alguien que, como ella, solo se preocupaba por su propia seguridad. Rayleigh sintió una punzada de remordimiento.

‘Incluso si me voy algún día...’

Debía tratarlo bien para que no se sintiera culpable. Prometiéndose proteger a su esposo, a quien consideraba un ser vulnerable y bondadoso, Rayleigh volvió a consolarlo.

---

Serge, tras abandonar la habitación de Rayleigh, entró en la oficina de Walter a través de la ventana. Walter, al encontrarse con el inesperado intruso, frunció el ceño.

—¿Para qué crees que sirven las puertas?

—No me sermonee por nimiedades.

—En fin... está bien. ¿Y mi nuera?

—Le he dicho que descanse en su habitación hasta que termine el proceso. Es mejor que no presencie escenas desagradables.

—Mmm.

Aunque el exterior del castillo, incluida la oficina, parecía pacífico, en las profundidades se estaba despleando un auténtico infierno. Estaban purgando no solo a Margaret, sino a cualquier informante que pudiera existir dentro de los muros. Además, habían rastreado de inmediato el origen de la herramienta de comunicación y terminaban los preparativos para golpear directamente a sus responsables. Era un resultado que solo traía beneficios a la casa ducal. Y quien había propiciado todo aquello era precisamente la joven nuera.

—Esa niña ha resultado ser bastante inteligente.

Aunque no respondió, Serge estaba de acuerdo. Recordó la conversación que mantuvo con Rayleigh mientras planeaban la trampa.

—Según mi criterio, no creo que la nodriza haya recibido órdenes simplemente de mi padre —había dicho ella.

—¿Entonces?

—Probablemente sea alguien que responde directamente ante ese respaldo conectado con mi padre, y fue infiltrada en nuestra familia.

Rayleigh dedujo aquello basándose en la extrañeza que sintió al convivir con ella. Además, los artefactos mágicos de Margaret respaldaban esa teoría. No había forma de que el Vizconde Vitenze tuviera la solvencia para entregarle a una simple nodriza una herramienta de comunicación para contactos de emergencia.

—Podremos usar eso para tender una trampa. Así capturaremos el momento exacto en que Margaret contacte con sus superiores.

Incluso la predicción de que usaría la habitación de Rayleigh como base resultó exacta. Aunque Serge poseía una inteligencia superior a su edad, aquello se debía a la intuición característica de los Suin. Rayleigh, siendo humana y joven, le parecía asombrosa por poseer tal perspicacia.

—Esa niña me agrada bastante —confesó Walter.

—...

—Llegué a pensar en dejarla marchar cuando llegara el momento, pero ahora ya no puedo.

Las pupilas de Walter brillaron con la agudeza de una bestia.

—Si tienes intención de tratarla mal para echarla, dímelo con antelación. Prefiero romper el compromiso de inmediato y tomarla bajo mi tutela. Siento que se convertirá en alguien superior a Euan.

—No precisamente... —murmuró Serge, restándole importancia—. Yo tampoco tengo intención de alejarla.

—Vaya, vaya.

Walter curvó las comisuras de sus labios con parsimonia.

—Parece que tú también te has encariñado con mi nuera.

—No es eso. Simplemente, no es tan molesta como pensaba.

—...

—No confío en usted, padre. Si la echo, podría romper su promesa y obligarme a casarme con otra mujer, así que he juzgado que es mejor que ella, que no me resulta molesta, sea mi esposa temporal.

Ante la respuesta de su hijo, Walter soltó una risita burlona. Si un chico tan huraño mostraba esa reacción, la realidad era evidente.

—Más allá de eso, padre.

—¿Dime?

—Envíele un mago curativo. Creo que sería conveniente revisar su estado físico.

—¿A qué te refieres?

Serge relató brevemente lo que presenció mientras estaba oculto. La expresión de Walter se endureció al saber que Margaret había torturado a Rayleigh con magia. Aseguró que tomaría medidas de inmediato y abandonó la oficina en ese mismo instante. Probablemente, el nivel de los interrogatorios a Margaret aumentaría drásticamente.

‘No saldrá del castillo por su propio pie’.

Sintiendo que su mal humor se disipaba, Serge recordó a Rayleigh. Su determinación por llevar a cabo la venganza sin importarle su propio dolor le resultaba fascinante. Se preguntaba de dónde sacaba esa fuerza alguien que había sido maltratada. Y, al mismo tiempo, ella se había permitido consolarlo, como si él fuera quien necesitara protección. Era una persona llena de matices.

‘Al igual que se deja engañar por mi padre... parece ser vulnerable ante quienes parecen buenos y dignos de lástima’.

Sin ser consciente de que nunca antes había dedicado tanto tiempo a pensar en otra persona, Serge abandonó el despacho.

---

A la mañana siguiente.

En cuanto Rayleigh se encontró con su suegro, le habló con expresión solemne.

—Padre.

—¿Qué sucede?

—Puede que sea un favor difícil, pero ¿puedo pedirle algo?

—Dime lo que quieras.

Ella tragó saliva y continuó:

—Por favor, no sea clemente con Margaret. Sé que usted es una persona generosa y puede que quiera perdonarla, pero eso no serviría de escarmiento y...

—...

—...

La expresión de los dos Elestein se volvió indescifrable al mismo tiempo.

1.8
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