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Capítulo 14

Después de que el duque se retirara, Rayleigh no pudo conciliar el sueño durante un buen rato. Pese a que ya había tomado una decisión firme, su insomnio no se debía a la duda sobre si debía cumplir con aquella tarea o no. Era el alivio de que Walter hubiera reconocido el pesar que había cargado todo este tiempo, sumado a las ideas sobre cómo actuar de ahora en adelante para engañar a Margaret y otros pensamientos complejos. Todas esas emociones se arremolinaron en su interior y terminaron por ahuyentar el sueño.

Finalmente, desistió de intentar dormir a la fuerza y bajó de la cama. Pensaba salir un momento a la terraza para tomar el aire y despejarse.

'La habitación donde se queda Margaret está lejos de aquí, pero tal vez me siento ansiosa por el simple hecho de saber que está cerca.'

Debía ganarse pronto el favor de Margaret para tranquilizarla, recibir la herramienta mágica y obtener el testimonio decisivo. Estaba dispuesta a cualquier cosa para lograrlo. Mientras caminaba hacia el jardín a través de la terraza con esa determinación, escuchó una voz inesperada.

—¿Señorita Rayleigh? ¿A dónde va a estas horas de la noche?

—¿Eh?

Cuando giró la cabeza hacia donde provenía la voz juvenil, vio una pequeña silueta entre las sombras de los árboles bajo la luz de la luna. A diferencia de lo habitual, parecía llevar una túnica con la capucha muy calada, pero esa voz era, sin duda alguna, la de su esposo, Serge.

—¿Señor Serge?

—Sí. ¡Ah! Por favor, ¿podría no acercarse hacia aquí? Es que mi apariencia es un poco... poco decorosa.

Él retrocedió más hacia la oscuridad, como si estuviera alerta. Gracias a su conocimiento de la obra original, Rayleigh adivinó de inmediato la situación.

'Debe de estar en un estado donde le han salido las orejas o la cola de zorro.'

A menudo, los Suin jóvenes se transformaban en una forma intermedia entre animal y humano porque aún no controlaban su poder mágico. Por esa razón, parecía estar cubriendo su cuerpo lo más posible con la túnica.

—Sí, entiendo. No me acercaré.

—Gracias. Pero... aún no ha respondido a mi pregunta.

—Ah...

Solo entonces Rayleigh recordó que le habían preguntado qué hacía allí a esas horas.

—No es que fuera a ningún lado en particular; es solo que no podía dormir y salí a dar un pequeño paseo.

—Qué alivio.

—¿Qué alivio?

—Es que... me preocupaba que esa persona, la nodriza, la hubiera llamado para molestarla o algo así.

—Ah...

—El interior del castillo del duque es seguro, pero aun así, por si acaso, creo que sería mejor que no saliera por la noche.

—Sí, lo siento.

—¡Ah, no! No es algo por lo que deba pedir disculpas. Y...

Serge agitó los brazos, aturdido. Rayleigh soltó una pequeña risa porque esa reacción de su esposo le pareció sumamente tierna.

—¿Y qué hay de usted, señor Serge? ¿Qué hace por aquí? Está bastante lejos del ala este.

—¡...!

Tan pronto como recibió la pregunta, se encogió sobresaltado y bajó la cabeza. Aunque solo se distinguía su silueta debido a la penumbra, sus emociones se revelaban por completo.

—El zorro...

—¿Eh?

—A veces, en el castillo del duque, hay un zorro que viene de visita.

'¿Interpone esa excusa de repente?', pensó ella. Sin notar que Rayleigh estaba desconcertada, Serge continuó con su torpe explicación.

—Vi que ese zorro venía hacia aquí y, por si acaso causaba problemas, lo seguí.

—Ya veo. Aunque parecía un zorro inteligente, así que no creo que causara inconvenientes.

—...

Mientras observaba a su esposo, que titubeaba, Rayleigh se sumió en sus pensamientos por un momento. Decir que siguió al zorro era obviamente un pretexto, pero ¿cuál sería la verdadera razón para acercarse a la habitación de su esposa en un estado de transformación inestable? En ese momento, como si respondiera a su duda, Serge volvió a hablar.

—Más que eso... señorita Rayleigh.

—Sí.

—¿No ha pasado nada malo?

Su voz estaba cargada de preocupación. Ahora que lo pensaba, Serge había mencionado algo similar poco antes.

'¿Acaso estuvo vigilando los alrededores porque estaba preocupado por mí?'

Tal vez su suegro le contó a Serge lo de la nodriza, lo cual él mismo había presenciado en su forma de zorro. Seguramente había estado custodiando la zona por la inquietud que sentía. Rayleigh no pudo responder de inmediato porque el pecho se le oprimió de gratitud, por lo que Serge añadió apresuradamente:

—Si no pasó nada, está bien. Entonces, me retiro.

Como si hubiera agotado la energía social que reunió desesperadamente, comenzó a retroceder vacilante. Rayleigh lo llamó con rapidez.

—¡Ah, espere!

—¿...?

Aunque fuera su esposo, se acababan de conocer. Puesto que dejaría a esa familia algún día, no era más que un vínculo pasajero. Sin embargo, por muy desalmada que pretendiera ser, el sentimiento de gratitud y el deseo de valorar ese vínculo en aquel instante eran sinceros. Por lo tanto, consideró que lo correcto era compartir la situación con su esposo sin mentiras.

—La verdad es que es cierto que ocurrió algo importante mientras el señor Serge y padre no estaban.

—¡...!

—Hace un rato hablé con padre, pero si le parece bien, ¿podría contárselo también a usted?

—¡Por supuesto!

—Ah, pero si le resulta incómodo hablar ahora, podría ser mañana por la mañana.

—No.

Serge respondió con una claridad inusual en él.

—Si mi padre lo sabe y yo no, eso no está bien. Por favor, cuéntemelo ahora mismo.

Sin detectar la sutil rivalidad contenida en esa voz, Rayleigh asintió.

—Sí. Entonces, puede que me extienda un poco.

Como sabía que su esposo evitaba mostrar su apariencia deliberadamente, ella comenzó su relato sin moverse de su lugar. Le explicó que la nodriza la instó a realizar actos de espionaje, que deseaba usar eso a su favor para que la nodriza y su familia original recibieran el castigo merecido, y que planeaba actuar personalmente para obtener la herramienta mágica y la evidencia decisiva.

Serge escuchó en silencio desde la penumbra. Al no poder ver su expresión, Rayleigh se inquietó un poco.

'¿Acaso, a diferencia de padre, sentirá rechazo?'

Que la familia de la esposa con la que acababa de casarse fuera tal calaña era motivo suficiente para que incluso Rayleigh dejara de agradarle.

—Señorita Rayleigh.

—Sí. Si le ha resultado desagradable...

—Estoy de acuerdo con la opinión de mi padre.

—¿Eh?

Rayleigh abrió los ojos de par en par ante aquellas palabras inesperadas.

—Incluso si la señorita Rayleigh no hace nada, mi padre lo resolverá correctamente.

—...

—¿No cree que no hay necesidad de lidiar con esa nodriza que es peor que la basura? Si la echamos mañana mismo...

—No quiero causar molestias a la casa ducal.

—No tiene por qué pensar que es una molestia.

—No, en realidad eso es solo una excusa. Es que no quiero dejar problemas pendientes para el futuro.

Se escuchó el sonido de Serge conteniendo el aliento, como si estuviera extrañado. Rayleigh sabía que su suegro era una persona bondadosa. Incluso si una persona así intervenía, actuaría dentro del marco legal, y de esa forma no podría asestarle un golpe definitivo al vizcondado. Por eso, quería tender una trampa para zanjar el asunto de forma irreversible.

Serge guardó silencio tras escuchar la explicación. En realidad, mostró un gesto de disgusto ante la mención de que Walter era bondadoso, pero eso era algo que Rayleigh no podía saber. Ella, malinterpretando el silencio de Serge, murmuró con voz apagada:

—¿Acaso soy una persona extraña?

—¿Perdone?

—Por comportarme de forma tan fría a pesar de ser los padres que me dieron la vida.

Por supuesto, su corazón estaba firme y su decisión no cambiaría. Sin embargo, la asaltaba la preocupación de ser una niña corrompida por pensar en castigar a sus padres sin un ápice de afecto. Temía que, por eso, su esposo o su suegro pudieran despreciarla. Pero nada más lejos de la realidad.

Tan pronto como escuchó las palabras de Rayleigh, Serge respondió con firmeza:

—La extraña no es usted, sino sus padres.

—¡...!

—Un hijo no puede elegir a sus padres. Entonces, ¿no sería justo que, al menos, se le otorgara al hijo el derecho de deshacerse de la basura que es incapaz de actuar como tales?más llenas que ahora.

No era que sintiera un afecto especial por ella. Al fin y al cabo, solo era una nuera traída por necesidad. Aun así, por decirlo de algún modo, deseaba que así fuera.

1.8
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