Haz click sobre el icono de configuración o el cuerpo del capítulo para ver las opciones
Importante: Fusion con Manhuako

Luego de una charla con la gente de Manhuako, decidimos fusionarnos. Esto significa que dejaremos la pagina y comenzaremos a subir todo el contenido en:

Para cualquier consulta o mas informacion, envia un mensaje por Discord.

Capítulo 4

La vida escolar no parecía tener nada de especial. Por casualidad me crucé con un chico que me saludó y, al dirigirme a mi salón, los demás compañeros también me dieron la bienvenida. ¿Se debería a que esta era el área de humanidades? Todos tenían aspecto de ser muy aplicados en sus estudios.

Por cierto, ¿dónde estaba mi asiento? Lo habitual para un estudiante modelo era sentarse justo frente al escritorio del profesor. Así que me ubiqué delante de la tarima y, como nadie reaccionó, supuse que aquel era mi lugar.

En ese momento, vi a Baek Arin entrar al aula. ¿No se suponía que había salido de casa antes que yo? Ella me lanzó una mirada y, fingiendo que no me conocía, se dirigió a su sitio. Poco después entró su mejor amiga, Park Yu-na, y comenzó a hablarle de forma ruidosa.

Fue entonces cuando mi teléfono, que por fin se había calmado, volvió a vibrar. Bzzz, bzzz. Era el mismo número de antes. Al parecer, quienquiera que fuese tenía la firme intención de seguir llamando hasta que yo contestara.

¿Debería simplemente bloquearlo?

De pronto tuve un presentimiento. Sentí que si lo bloqueaba, llamaría desde otro número. Vista su persistencia, era necesario atender al menos una vez para aclararle que no era la persona que buscaba. Tras tomar esa decisión, salí al pasillo silencioso y acepté la llamada.

—Hola...

—Maldición. Tú, ¿acaso quieres morir?

—¿Quién hab...?

—Imbécil. ¿Por qué no contestas el teléfono?

Nada más contestar, empezó a insultarme sin siquiera confirmar mi identidad. Ese bastardo llevaba un buen rato interrumpiéndome. Como yo también empecé a sentirme indignado, le solté con tono irritado:

—¿Quién te crees que eres para decir tantas groserías? ¿Acaso soy tu amigo?

—¿Qué?

—Y no sé a quién estás buscando, pero te aseguro que no soy yo, ¿entiendes? No vuelvas a llamar para molestar. ¡Acosador!

—Ja, ¿ya terminaste de hablar? ¿A quién llamas acosa...?

—Eres un acosador, ¿no? Ya basta. Si vuelves a llamar una sola vez más, te juro que te mato.

Colgué el teléfono. Como él me había interrumpido dos veces, yo le devolví el gesto. Ni siquiera le di tiempo para replicar en la segunda ocasión, así que me sentí eufórico y renovado.

Realmente se encuentra cada loco por ahí. El mundo de hoy es aterrador.

Chasqueé la lengua e intenté regresar al salón. En ese instante, entró otra llamada. Aquel tipo era un persistente. Y eso que le había advertido. Contesté de nuevo.

—Oye...

Colgué tan pronto como empezó a hablar. Eso seguramente le revolvería el estómago de rabia. Inmediatamente presioné la opción de bloquear. Definitivamente, a este tipo de personas no se les debe prestar atención desde el principio.

Cuando me disponía a caminar, entró otra llamada. Esta vez provenía de un número que no tenía guardado. ¿Sería el mismo loco de antes? Lo más probable era que sí. Tuve un mal presentimiento, así que contesté por si acaso. En cuanto se conectó la llamada, una voz afilada perforó mis tímpanos.

—Si vuelves a colgar, estás muerto.

Ahora yo también estaba llegando al límite de mi paciencia. Respondí con desgano.

—¿Parece que no entendiste mis palabras?

—¿Entender? Ja, maldición. ¿En qué te basas para ser tan presumido?

—¿En qué me baso? Me basto conmigo mismo para serlo. ¿Por qué? ¿Acaso eres Kang Min-jun, de la Escuela Comercial Sung-woon?

Ante mis palabras, el tipo soltó una risita. ¿Finalmente habría perdido el juicio? Quizás fue por la sensación irreal de estar en el mundo de una novela o por el alivio de ser un simple extra, pero mi boca, que ya no sentía miedo, soltó lo primero que se le ocurrió. Entonces el tipo, que reía como si todo aquello fuera absurdo, respondió con una voz aún más gélida.

—¿Y si lo soy?

—¿Eh?

—Si yo soy Kang Min-jun, ¿qué piensas hacer?

Fue algo que dije sin pensar, pero de su boca salieron palabras inesperadas.

Espera. Algo no encajaba. ¿Por qué Kang Min-jun querría contactarme? ¿Acaso nos conocíamos? No, más que eso, ¿cómo demonios tendría mi número?

Pero mientras reflexionaba sobre ello, no pude evitar soltar una risita cínica.

Mira a este tipo. Para ganar una discusión, usa el nombre de alguien a quien seguramente ni conoce.

Por un momento casi caigo en su trampa. Pero yo no era ningún novato. Capté su método de engaño y respondí con calma.

—Oye, no mientas tanto. No andes presumiendo en vano, cuando probablemente bajarías la mirada si tuvieras delante al verdadero Kang Min-jun, ¿sabes?

—Ja... De verdad que me voy a volver loco.

Seguro que sí. Nunca he perdido una discusión verbal contra nadie. Pregunté con tranquilidad, pues a esas alturas también sentía curiosidad por saber qué pretendía.

—¿Tú me conoces?

Entonces, junto al sonido de una risita, llegó una voz escalofriante.

—No te conozco, pedazo de idiota.

—¿Entonces por qué sigues llamando?

—¿Eres estúpido?

—¿Qué?

—¿Es que no recuerdas nada de lo que pasó por la mañana? Te llevaste mi teléfono y saliste corriendo.

—De qué hablas. Yo nunca hice es...

Al llegar a ese punto de la respuesta, me quedé mudo. Fue como un truco de magia: el color del teléfono en mi mano pasó de ser blanco a negro. No, ¿acaso no tenía un teléfono blanco cuando salí de casa? ¿En qué momento cambió de color?

Haciendo memoria, recordé que hoy choqué con alguien mientras intentaba bajar del autobús. En ese instante se me cayó el teléfono y la otra persona también dejó caer el suyo, así que los recogimos juntos. En ese ajetreo, debimos intercambiarlos por error. El problema fue no haberlo verificado en el acto.

¡Maldición! Gemí en silencio. Mientras yo permanecía callado, el tipo habló con una voz cargada de triunfo.

—¿Ya te acordaste?

En cuanto escuché su voz, colgué. No solo eso, sino que con manos temblorosas le quité la batería al aparato. Mi corazón latía con ansiedad. Solo entonces empecé a comprender que algo, definitivamente, había salido muy mal.

***

Min-jun, mirando el teléfono cuya conexión se había cortado, siguió riendo entre dientes como si se sintiera vacío.

—Este tipo es realmente increíble. ¿De dónde habrá salido alguien así?

Hasta ahora, nadie había tenido el valor suficiente para mostrarle semejante falta de modales por teléfono. Desde el primer encuentro, aquel chico no parecía ser alguien común. Tenía ojos redondos con pestañas largas tras unas gafas pulcras, una nariz recta y labios rojos. Era un tipo cuya apariencia elegante, casi tan delicada como la de una mujer, resultaba impresionante. La mano de Min-jun se apretó con fuerza mientras repasaba aquel rostro en su mente, como si no quisiera olvidarlo.

—Si quieres jugar a las escondidas, aceptaré el reto con gusto.

Ese chico se había metido con la persona equivocada. Min-jun era alguien que devolvía el doble de lo que recibía. Sin embargo, extrañamente y a diferencia de lo habitual, se sentía más divertido que irritado, a pesar de que detestaba que alguien le ganara en lo más mínimo.

En ese momento, Yu-bin, que observaba la escena desde un lado mientras comía una paleta, preguntó con una sonrisa radiante:

—Min-jun, ¿pasó algo bueno?

—Nada en especial.

—Esa expresión es la de alguien que trama algo, ¿no es así?

Ante esas palabras, Min-jun se encogió de hombros restándole importancia.

—Estaba pensando en ir de caza.

—Mmm. Suena divertido.

Yu-bin rió alegremente. El colmillo que asomaba entre sus dientes blancos acentuaba su aire tierno. Se podría decir que poseía una apariencia angelical que hacía que todos bajaran la guardia. El llamativo cabello rubio que le sentaba tan bien y los diversos pendientes en sus orejas le daban un toque rebelde, pero incluso eso resultaba encantador.

Sin embargo, Yu-bin no era alguien a quien se pudiera subestimar. Normalmente era tranquilo, pero poseía una doble personalidad que hacía que sus ojos cambiaran drásticamente al ver sangre. El único capaz de frenarlo era Min-jun.

Además de ellos, estaban Ji Gang-hyeok, cuya apariencia era tan atractiva como la de sus amigos pero que destacaba por su laconismo, y Go Bi-yul, quien siempre mostraba una personalidad amable con todo el mundo. A este grupo se le conocía colectivamente como los Cuatro Reyes Celestiales.

En ese momento, Bi-yul, que observaba la situación en silencio, comentó con interés mientras se cruzaba de brazos:

—Esa persona que te hizo enojar tanto... ¿es el chico con el que te cruzaste en el autobús esta mañana?

—Sí.

—Parece que no es un cualquiera, visto que estás más alterado de lo habitual.

Min-jun respondió con firmeza mientras soltaba una carcajada:

—¿Alterado?

—¡...!

—Acabo de encontrar un juguete divertido después de mucho tiempo. Solo quiero disfrutar un poco más de esta situación.

Yu-bin soltó una carcajada clara y murmuró:

—De verdad no tienes remedio. Sabía que contigo no me aburriría, Min-jun. Ya estoy empezando a tener expectativas. Me pregunto qué clase de tipo será ese que logró sacarte de quicio.

1.8
Traído por
¡Comparte esta novela y muestra tu apoyo al equipo de traducción!