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Importante: Fusion con Manhuako

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Capítulo 10

Como era previsible, pocos salieron ilesos de aquella mezcla; casi todos habían partido temprano al mundo de los sueños. Arin, que observaba la escena con incredulidad, me miró como si estuviera harta.

—Siempre me sermoneas por estas cosas, ¡pero resulta que tú no te quedas atrás! —exclamó con evidente resentimiento.

Había una punzada de amargura en sus palabras. Me sentí un poco culpable por haber actuado de forma tan distinta al personaje original, pero mantuve la compostura y respondí con descaro mientras me ajustaba los anteojos:

—¡Oye! Este es un nivel de rebeldía que cualquiera puede permitirse de vez en cuando.

Sin embargo, debía admitir que Kang Min-jun era realmente fuerte. No importaba cuánto bebiera, no perdía la compostura en lo más mínimo. Han Yu-bin, que masticaba un calamar seco ruidosamente, soltó una carcajada.

—Min-jun, este chico es realmente divertido. Dejó a todos estos fuera de combate él solo.

Ahora que lo pensaba, él también seguía en pie. Han Yu-bin poseía una resistencia considerable; le había servido la misma mezcla y parecía como si nada hubiera pasado. Qué tipo tan aterrador. Entonces Min-jun, como si le punzara la cabeza, se presionó la frente con la mano.

—Han Yu-bin, encárgate de enviar a todos estos idiotas a sus casas.

—Entendido. Vaya, parece que Gang-hyeok ya pasó a mejor vida por hoy.

Go Bi-yul ya estaba ayudando a levantar el cuerpo inerte de Ji Gang-hyeok. Caí en la cuenta de que él era con quien menos palabras había cruzado. Sabía que era alguien reservado, pero en todo el tiempo que estuve allí no lo vi abrir la boca ni una sola vez; incluso para comunicarse, solo utilizaba gestos sutiles.

Al consultar mi reloj, me di cuenta de que se había hecho tarde. Aunque al día siguiente fuera fin de semana, seguía siendo un estudiante de secundaria, y era obvio que mis padres se preocuparían si tardaba más. Por eso, miré a mi hermana.

—Arin, vámonos ya. Mamá se va a preocupar.

—¿Eh?

—Sabes lo enojada que estuvo la última vez por tu culpa, ¿verdad?

Lo dije con un tono ligeramente sarcástico, pero ella mostró una expresión de arrepentimiento. Al notar cómo su mirada se desviaba hacia Min-jun, comprendí que él empezaba a gustarle un poco. Ver aquello me dio cierta tranquilidad. Si Arin ya sentía interés, era muy probable que terminaran juntos por su cuenta si les daba algo de tiempo.

Ella dudó un momento, como si quisiera decir algo más, pero comprendiendo que no podía quedarse allí para siempre, se levantó.

—Bueno, si regreso contigo no me regañarán tanto. Podemos dejar a Yu-na en su casa de camino.

—Sí, hagamos eso.

Dicho esto, Arin comenzó a sacudir a Park Yu-na, que estaba desparramada en el sillón. Yo no le había servido mucho, pero ella, por pura curiosidad, tomó un sorbo de mi bebida especial y terminó noqueada.

Pensándolo bien, según la trama original, Yu-na también debería empezar a involucrarse con Han Yu-bin, pero parecía que la relación entre ellos no progresaba en absoluto. Había bastantes cabos sueltos. No sabía por qué la historia no fluía como debía, pero el hecho de que Arin y Yu-na estuvieran allí antes de mi llegada indicaba que, al menos, mantenían contacto con ellos.

Justo cuando recogía mi abrigo para marcharme, Kang Min-jun, que había permanecido sentado en silencio, me sujetó firmemente del brazo.

—Tú no te vas.

—¿Cómo? Tengo que ir a casa...

—¿Ya lo olvidaste? Un mes. Prometiste ser mi subordinado durante un mes, así que obedece.

Maldición. Había provocado que todos se durmieran precisamente para poder escabullirme temprano, pero mi esfuerzo resultó en vano. Sin perder la esperanza, señalé a las chicas.

—Tengo que llevarlas a casa.

Entonces Min-jun, manteniendo su expresión impasible, le hizo una seña con la barbilla a Han Yu-bin.

—Oye, Yu-bin. Llévalas tú y regresa de inmediato.

—¡A la orden!

Como si no fuera ninguna molestia, Han Yu-bin respondió con energía, llevando su mano a la frente en un saludo militar.

—¿Ahora estás conforme?

Era una presión silenciosa para que no intentara huir. No tuve más remedio que soltar mi abrigo y volver a sentarme. Comencé a comer distraídamente unas papas fritas con forma de carita sonriente. Entonces Min-jun, que me observaba con la barbilla apoyada en la mano, me arrebató la papa que estaba a punto de llevarme a la boca y se la comió él.

—¡Oye! ¿Por qué te comes lo mío? ¡Si tienes hambre, pide las tuyas!

—No quiero mancharme los dedos de aceite.

—¡Pues te lavas las manos después!

—Qué pereza. De todos modos, tus manos ya están sucias y puedo comer así. ¿Para qué me molestaría yo en ensuciarme?

Qué tipo tan infantil. Lo miré con hartazgo y bebí de mi vaso en silencio. Casi la mitad de nuestras interacciones consistían en provocaciones de su parte. Mientras reflexionaba sobre ello, vi una botella de forma peculiar sobre la mesa. Parecía ser algo sumamente costoso. Pensando que no tendría otra oportunidad para probar algo así, señalé la botella.

—Kang Min-jun, ¿tú pediste esto?

—No, me la dio mi tío para que la probara.

—¡Vaya! ¿Y por qué no la has abierto?

—Si bebes eso, se acaba la noche.

¿Acaso el sabor era tan fuerte o extraño? Ante su reacción cautelosa, mi orgullo de supuesto experto salió a flote.

—Vaya, ¿acaso el gran Kang Min-jun le tiene miedo a una botella? Observa bien; yo te enseñaré cómo se hace.

Cuando intenté servirme, él se mostró horrorizado e intentó detenerme.

—Perrito, eso no es lo que tú crees. No podrás aguantarlo.

Le guiñé un ojo, indicándole que mirara y aprendiera. Entonces, bebí el contenido de un solo trago. Ahora que lo pienso, en ese momento debí de haber perdido el juicio por completo.

¿Eh? El sabor de esto es realmente extraño...

Y así, sin que pasara ni un segundo, perdí el conocimiento allí mismo.

***

Sentí la calidez del sol filtrándose a través de mi piel. Noté un ardor en mi interior y, al abrir los ojos lentamente, me encontré en una habitación desconocida. Era un lugar impecablemente organizado y elegante.

Incluso percibí un tenue y agradable aroma a esencias. Mientras exploraba el entorno con la mirada, me sentí sumamente lánguido y estuve a punto de cerrar los ojos de nuevo. Justo en ese instante, sentí que alguien rodeaba mi cintura con un brazo firme.

¿Qué pasa? Yo duermo solo. ¿Por qué siento esto?

Sin detenerse ahí, sentí un aliento cálido y desconocido nuca. A medida que los recuerdos de la noche anterior regresaban, me despejé por completo. Mi rostro comenzó a arder de inmediato.

En el momento en que intenté incorporarme de golpe, mi mano se apoyó sobre la piel firme de alguien. Al bajar la vista, sobresaltado, me encontré con Kang Min-jun durmiendo plácidamente, luciendo un torso perfectamente definido.

—¡Ah! ¡Hic!...

El susto fue tal que me dio un ataque de hipo. Además, la cabeza me estallaba. Debía intentar recordar con calma por qué estaba en aquel lugar. Pero, sobre todo, ¿el hecho de estar con él significaba que no había regresado a casa en toda la noche?

Con la vista aún algo borrosa, divisé mi teléfono sobre la mesa de noche. Lo revisé con temor, pero no encontré ninguna llamada perdida de mi familia. Justo cuando sentía alivio e intentaba escabullirme de la cama, una fuerza poderosa me sujetó de la cintura y me obligó a recostarme de nuevo.

—¡Ah!

Entonces, una voz ronca y profunda resonó en mi oído:

—¿A dónde crees que vas?

—Tengo que... ir a casa. Suéltame, por favor...

Min-jun torció los labios en una media sonrisa y, en un movimiento ágil, se posicionó sobre mí. Inmovilizó mis brazos para que no pudiera escapar, dejándome atrapado bajo su peso. La atmósfera se volvió sumamente tensa. Sentí que algo grave ocurriría si me movía lo más mínimo bajo su mirada intensa.

—¿Acaso no recuerdas nada de lo que pasó ayer? —se quejó con fastidio.

—¿A qué te refieres con lo de ayer?

—Pensé que me volvería loco por tu culpa. Tienes un talento especial para desesperar a la gente, ¿lo sabías?

Fue entonces cuando los fragmentos de la noche anterior empezaron a encajar en mi memoria. Debido al exceso de bebida, terminé vomitando... y lo hice justo sobre Kang Min-jun, quien intentaba sostenerme preocupado. Sin saber qué decir ante semejante falta, no tuve más remedio que dedicarle una sonrisa forzada y llena de incomodidad.

1.8
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