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Capítulo 1
Desde niña, siempre amé los videojuegos por encima de todo.
No es que tuviera una preferencia por algún género en particular; disfrutaba casi todos los tipos de juegos, pero entre todos, los que más jugué y me atrajeron siempre fueron los juegos de disparos en primera persona (FPS).
El enemigo te dispara, mueres. Tú disparas al enemigo, él muere.
Creo que en aquel momento me encantaba ese sistema tan intuitivo y justo.
Por eso, cuando apareció el género FPS en la modalidad de realidad virtual, fui una de las personas más entusiasmadas.
Llegué a dejar la universidad en pausa e incluso desbaratar la cuenta de ahorros que había juntado durante el servicio militar, solo para comprarme el equipo de RV.
Sin embargo, ¿sería por haber amado demasiado los juegos? ¿O por estar obsesionada con el género FPS?
Un día, al ser seleccionada como beta tester de un nuevo juego FPS, por ninguna razón que entendiera, terminé poseída directamente dentro del mundo del juego.
El juego en el que quedé atrapada era un título bélico ambientado en el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial.
Peor aún, el personaje en el que había sido poseída era el de una pequeña y delicada soldado adolescente, claramente añadida por motivos comerciales.
Debido a eso, tuve que vivir innumerables experiencias brutales solo para sobrevivir.
Fui lanzada a casi todos los campos de batalla: Leningrado, Stalingrado, Kursk… Luché cuerpo a cuerpo contra los fascistas y experimenté en carne propia la espantosa crueldad de la guerra.
Por suerte, entre tanta desgracia, el juego en el que estaba atrapada sí tenía un final.
Tal como intuía con seguridad instintiva que morir en el juego significaría la muerte real, descubrí naturalmente que, si la guerra terminaba, podría regresar al mundo real.
Y cuando finalmente llegó la noticia del suicidio de Hitler y la pesadilla de guerra llegó a su fin,
logré salir de ese maldito mundo de juego y regresar al mundo real que tanto anhelaba.
Cu-ru-ru-ru?
—¡Blyat! (?????)!!
Por alguna razón, ni mi cuerpo ni mi identidad regresaron a como eran antes,
y me convertí en una paciente con TEPT severo, capaz de confundir el sonido de un trueno con una salva de artillería.